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La Casa Curutchet: reconsideración de principios

  • Daliomys J. Román
  • 9 nov 2021
  • 3 Min. de lectura


La casa Curutchet fue diseñada por Le Corbusier, construida entre el 1949 y 1953, siendo su único proyecto en Argentina. La vivienda unifamiliar es una obra que representa la arquitectura moderna, pues resume las teorías del arquitecto contemporáneo. Su diseño innovador se destaca porque reúne los principios fundamentales de la arquitectura que proponía Le Corbusier. En cambio, se reconoce como un proyecto de transición entre lo que va a acabar siendo su propuesta, pues hay una evolución en la aplicación de sus conceptos. Estando cerca de la ultima etapa de su carrera, empieza a dejar atrás sus casas tradicionales y va dando paso a la segunda modernidad.

El proyecto se trata de una casa entre medianeras que establece un puente entre la arquitectura moderna y la tradicional. Esto mediante la evolución de los principios presentes en la obra y su integración al contexto. En la casa se ven logrados los principios de Le Corbusier: planta libre, terraza jardín, la construcción sobre pilotis, fachada libre, aventanamientos horizontales y hasta el Modulor. Sin embargo, al estudiar de estos conceptos tradicionales en el proyecto se observa cierta reconsideración en su aplicación, una transición que comienza a plantear un salto de modernidades. Elementos como la articulación espacial de la rampa y escaleras opuestos al lenguaje de planos rectos que compone el resto de la casa, o el techo jardín que se transforma en un patio en altura. Volviéndolo una terraza o balcón para observar el bosque de enfrente. La planta libre que tradicionalmente provee flexibilidad funcional para el usuario en el espacio, se transforma en una cuestión de continuidad visual que establece fluidez espacial.

Los otros elementos se asocian a como la casa Curutchet se relaciona con su contexto. Esto se refleja en el gesto de elevar la casa y la estrategia en el diseño de su fachada. Aunque se destaca su fachada en comparación a las estructuras vecinas, el edificio no es una pieza abstracta que ignora su entorno. Ante el tema de integrar los espacios privados a la ciudad, el uso de pilotis provee visualmente una continuidad urbana dentro del proyecto. Se integra al contexto diseñando un recorrido interior como una prolongación de la acera, entablando una transición visual fluida. Mientras que a su vez, la fachada contradice esta fluidez representando un entramado entre lo viejo y lo nuevo, pues contrasta con la modernidad local de la época. Es aquí donde entra la fachada libre, constituida por un parasol que protege una segunda fachada de vidrio y madera. El concepto toma forma de una doble fachada que establece cierta complejidad visual dinámica, donde la fachada interior responde al concepto del ventanal horizontal mientras se complementa de la segunda. Le Corbusier se encargó de producir un proyecto único no solo para la época, sino que dentro de su propia obra mediante la reinterpretación de los conceptos que el mismo había establecido.

El diseño de la casa Curutchet presenta una constante contradicción entre la racionalidad de la estructura ortogonal tradicional y los nuevos planteamientos que hace el arquitecto. También resulta muy interesante ver en la obra la mezcla de la fluidez con el entorno, mientras hay un claro contraste ante este en la fachada. La reconsideración que hace Le Corbusier de sus propios principios es un gesto sumamente contemporáneo que nos permite reflexionar sobre la transformación de lo moderno. Esta casa muestra como el arquitecto logra comprender su tiempo histórico e ir más allá de, haber establecido la primera modernidad, para darle continuidad al movimiento y participar de la segunda.

 
 
 

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