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Antoni Gaudí: contra la corriente

  • Daliomys J. Román
  • 19 oct 2021
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 8 nov 2021


El concepto de lo contemporáneo va ligado con cierto individualismo que surge de la interpretación de un sujeto ante oscuridad de su tiempo y cómo este responde. Al estudiar las contribuciones contemporáneas en el campo de la arquitectura para el siglo XX, no es difícil notar las obras únicas y distintivas de Antoni Gaudí. Este arquitecto creó su propio lenguaje arquitectónico, alejándose de lo convencional y desarrollando su imaginación artística. Aunque en la actualidad se reconoce su ingenio e innovación, la particularidad de sus obras dejo mucho de que hablar pues no siempre fueron recibidas de manera muy positiva.

Barcelona es una ciudad que se caracteriza por sus manzanas regimentales con calles anchas y lineales, que la alejan de las estrechas calles de la mayoría de las ciudades europeas. En 1860 el Plan Cerdà, nombrado así por su autor Ildefonso Cerdà, era un plan urbanístico para rediseñar y ampliar la ciudad. Este establecía una estructura de cuadriculas con nuevas avenidas que se entrecruzan en ángulo recto, ensanchaba calles, exigía zonas verdes, entre otras cosas. Sin embargo, entre las rígidas calles destacan hermosas estructuras singulares creadas por uno de los arquitectos más grandes del mundo, Antoni Gaudí. En sus obras implementa formas muy orgánicas y libres, creando con su aplicación inusual un tipo de arquitectura surrealista. No seguía lo proporcional o simétrico, sino que optaba por una ornamentación excesiva y por seguir los patrones de la naturaleza. El arquitecto encontraba inspiración y significado en la naturaleza, utilizándola como herramienta para definir la geometría de sus edificios, alejarse de las líneas rectas, experimentar con la materialidad en cuestión de color y texturas. Viendo en su musa la belleza del arte como un regalo de Dios, se tomó la libertad de crear obras artísticas excéntricas que se podrían considerar colosales esculturas. Apreciable en proyectos como la Casa Milà y la Sagrada Familia, cada uno arraigado en la naturaleza a través de formas y diseños estructurales. Definidos por sus complejas curvas que desafían todas las reglas arquitectónicas convencionales, estos edificios eran una celebración de la naturaleza.

Gaudí tenia muy buena reputación en Barcelona, pues tanto la clase media-alta como la iglesia mostraban gran aprecio por sus parques, palacios, monasterios y edificios religiosos. Sin embargo, se vio expuesto al rechazo y critisismo de muchos por la extravagancia inusual de sus obras. Ofrecía una arquitectura tan diferente a la de su época que muchos de sus diseños no eran muy bien aceptados, tachados como horribles obras psicodélicas creadas por un loco. Cuando se construyó la Casa Milà la gente estaba bastante desconcertada por esta estructura, tanto así que recibió el sobrenombre despectivo de La Pedrera. Este edificio se trabajo de manera muy completa, llevando al limite, con el más mínimo detalle, la desestructuración de la arquitectura basada en la línea y el ángulo recto. Apasionado por la anatomía, pensó en su edificio como un cuerpo cubierto: las columnas serían el esqueleto y la piedra su carne. Con columnas que soportan el edificio, establece entonces un muro cortina que le da la oportunidad de ajustar la fachada. Se podía ajustar, esculpir, torcer u ondular en un movimiento continuo, dando la impresión de que toda la masa tiene su propio ritmo. Esto hacia de la fachada de la Casa Milà una pieza escultórica, sobre la cual abundaba también una ornamentación que no era habitual para un edificio de lujo. Ante el problema de organizar el espacio en residencias únicas y múltiples, Gaudí diseñó un edificio doble distribuyendo los apartamentos de modo que cada uno de ellos tuviera una fachada hacia un patio interior y otra hacia a la calle. Estos dos grandes patios, espacios interiores como centro de interacción y fuente de luz, fueron una innovación de principios del siglo XX que rompían con la tradición. Igual que lograr que la clase media abandonara la escalera maestra tradicional, para incorporar un ascensor como eje central y exclusivo.

Antoni Gaudí fue un arquitecto muy avanzado para su época que retó la monotonía y tecnología con sus nuevas ideas. Logro desarrollar su propio estilo al combinar elementos del arte gótico y el arte moderno en sus estructuras, donde incluso se puede apreciar entre sus curvas y texturas un adelanto de lo que sería el movimiento artístico de lo abstracto. Irónicamente las obras que fueron burladas en su época, hoy se consideran iconos de la arquitectura moderna. El legado del gran arquitecto sigue vigente, mostrando que un contemporáneo no es quien se acopla a la norma, sino quien desarrolla su capacidad de crear nuevas soluciones.



 
 
 

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